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10 de Octubre de 2026
LOCALES
10 de octubre de 2026
Fotografía de época, lectura dramatizada y un local histórico de la localidad fueron el escenario de la puesta que el taller de lectura presentó en los diez años de ArteaR. Un momento de silencio y atención donde, dicen, “el aura” del escritor estuvo presente.
Hubo un instante, en pleno auditorio de Mucoop, en que no se escuchó nada más que la voz de quien leía. En la pantalla, las imágenes de un bar de otro tiempo: hombres con sombrero y traje, mesas de cartas, miradas de suburbio. Era “El hombre de la esquina rosada”, de Jorge Luis Borges, pero contado desde Villa Ramallo.
La propuesta, una de las más originales de los diez años de ArteaR, combinó fotografía, danza y lectura dramatizada. La lectura del cuento estuvo a cargo de Susana Dusso, con la participación de Antonio de Zavaleta en algunos pasajes, mientras se proyectaban las fotos que reconstruyen la historia. Las imágenes se lograron con vestimentas de época y fueron tomadas en el bar Paolotti, uno de los locales más antiguos de la localidad, que funcionó como locación natural del relato.
La fotografía estuvo a cargo de Viviana Paglino, Analía Caprodossi, Mercedes González y Alejandra Sala. Fue un momento donde todo fluyó como le hubiera gustado al propio Borges; su aura, seguramente, estuvo en Villa Ramallo este sábado por la mañana.
“Nadie es un profesional”
Matilde Nava, profesora a cargo del taller de lectura, se mostró feliz con el resultado. “Fue maravilloso. Primero, creativo, evocativo de nuestra infancia, de la gente que se reúne, que juega cartas, que socializa en ese lugar”, contó a Radio Ramallo, y destacó que el espacio “se mantiene en el tiempo”.
El proceso, además, fue divertido. “Nos divertimos, porque nadie es un profesional”, dijo entre risas, y recordó el esfuerzo de conseguir que “los maridos de las chicas se caractericen, vayan con el sombrero, con el traje y participen activamente y entusiastamente”.
La experiencia dejó ganas de más. “Nos quedamos con ganas de hacer otro”, reconoció Nava, y adelantó que ya hay una invitación en camino: “Nos invitó Miriam (Catalini) para que lo hagamos en la biblioteca”. También subrayó el trabajo detrás de la puesta: “Nos ha demandado mucho tiempo, mucha creación, inventar todo esto y unirlo. Y está bueno que tengamos difusión para que el público lo vea, porque ese es el objetivo cuando uno organiza algo así”.
“Siempre Borges”
¿Por qué Borges? La respuesta fue inmediata: “Para nosotros, siempre Borges”. Nava recordó que el año pasado el taller ya había llevado a escena El Aleph, y explicó el atractivo del autor: de un lado, el Borges de la fantasía y lo intelectual; del otro, el que “capta la esencia del suburbio, de los barrios”.
Sobre el cuento elegido, destacó el momento final, cuando el narrador se dirige directamente al escritor: “Se nota que es un diálogo de un protagonista de una historia con Borges, al que le cuenta esto para que lo escriba y lo podamos disfrutar 100 años después”.
También salió al cruce de un prejuicio habitual: “Borges tiene mala prensa, la gente cree que es difícil. A Borges le fascinaba lo popular, al punto que dedicó muchos cuentos a esto”.
La elección, aclaró, tuvo una razón concreta: la locación ya estaba pensada. “Había una locación para este cuento; si no hubiéramos tenido locación, no hubiéramos inventado otra cosa”.
Del teatro a las aulas
Susana Dusso, por su parte, contó que vivió la experiencia con especial emoción. “Lo disfruté porque debo tener alguna cosa de teatro por ahí, me encanta el teatro, siempre que puedo voy al teatro”, dijo, y recordó que en su niñez la elegían para declamar y actuar: “siempre era yo la persona principal”.
Esa pasión la llevó también a su carrera docente. “En la escuela, como docente, para contarle o leerle los cuentos a los chicos, para que se entusiasmaran. Yo tenía los primeros grados y teníamos una vez por semana un cuento o una poesía, y después hacían la expresión artística, la plástica”.
Ante las felicitaciones, Nava cerró con humildad: “Yo pongo todo de mí para que así sea, pero no siempre se logra”. Esta vez, a juzgar por el silencio y los aplausos del auditorio, se logró.