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24 de julio de 2026

El viejo cine de Ramallo "busca dueño" y despierta una ola de nostalgia entre los vecinos

La publicación del histórico edificio en Marketplace reavivó los recuerdos de generaciones de ramallenses que hicieron de la sala un punto de encuentro para estrenos, primeras citas, reuniones familiares y noches inolvidables. También volvió a poner sobre la mesa un proyecto de recuperación que nunca llegó a concretarse.

La publicación de un aviso de venta en Marketplace bastó para que cientos de vecinos volvieran a mirar hacia una esquina cargada de historia. El edificio donde durante décadas funcionó el cine de la ciudad de Ramallo volvió a ser tema de conversación y, más que una operación inmobiliaria, terminó despertando una catarata de recuerdos, fotografías y anécdotas compartidas en las redes sociales.

"Ojalá quien lo compre lo ponga otra vez en funcionamiento", escribió una vecina al compartir el aviso. La frase resumió el sentimiento de muchos ramallenses que crecieron entre las butacas de aquella sala y que todavía recuerdan el ritual de ir al cine un fin de semana, encontrarse con amigos, compartir una salida en pareja o disfrutar de los grandes estrenos que llegaban al pueblo.

El inmueble, ubicado sobre la esquina de Eva Perón y Gomendio, forma parte del patrimonio afectivo de la ciudad cabecera. Mucho antes de la llegada de las modernas salas comerciales, ese edificio fue uno de los principales espacios culturales y sociales de Ramallo.

Su historia se remonta al antiguo Salón de la familia Haynes, un lugar que albergó peñas folclóricas, reuniones comunitarias, actos y las primeras proyecciones cinematográficas que conocieron varias generaciones de vecinos.

En aquellos años, ir al cine era mucho más que ver una película. Era un acontecimiento social. Familias enteras caminaban hasta la sala los fines de semana, mientras los jóvenes encontraban allí uno de los pocos espacios de encuentro que ofrecía el pueblo.

Los más memoriosos todavía recuerdan un detalle que hoy parece impensado. Como los proyectores funcionaban con un solo equipo, la película debía interrumpirse a mitad de la función para cambiar el rollo de cinta.

Ese intervalo de diez o quince minutos también tenía su propia liturgia.

Era el momento de acercarse al buffet, comprar una gaseosa o unos caramelos, conversar sobre la primera parte de la película o simplemente encontrarse con vecinos que ocupaban otras filas. En ocasiones, incluso, algún músico amenizaba la espera, convirtiendo aquel corte técnico en otro espacio de encuentro comunitario.

Con el paso de los años, el edificio fue perdiendo actividad hasta quedar prácticamente fuera del circuito cultural del distrito.

Sin embargo, durante la gestión del entonces diputado provincial Ricardo "Cacalo" Gorostiza surgió una iniciativa que alimentó la esperanza de recuperar ese símbolo de la ciudad.

A partir de gestiones realizadas ante la Legislatura bonaerense, se impulsó la incorporación del inmueble al patrimonio municipal, con el objetivo de facilitar su recuperación y permitir que el gobierno local pudiera proyectar un nuevo espacio destinado a actividades culturales, institucionales y cinematográficas.

La propuesta despertó expectativas entre numerosos vecinos que imaginaban volver a ver encenderse las luces de la vieja sala.

La idea contemplaba reacondicionar el edificio para transformarlo nuevamente en un ámbito dedicado a la cultura y al encuentro comunitario.

Sin embargo, con el paso del tiempo el proyecto perdió impulso y nunca llegó a concretarse. Las obras no avanzaron y el edificio continuó deteriorándose hasta llegar a la situación actual.

Hoy, las fotografías que acompañan la publicación muestran paredes desgastadas por el paso de los años, persianas cerradas y una estructura que todavía conserva parte de su identidad, aunque marcada por el abandono.

Paradójicamente, ese estado también despertó el interés de quienes no quieren resignarse a perder un lugar que forma parte de la memoria colectiva de Ramallo.

Las reacciones en redes sociales no giraron tanto alrededor del precio o de la operación comercial como de los recuerdos personales.

Hubo quienes evocaron las funciones de los domingos, otros hablaron de las películas que marcaron su infancia y muchos recordaron que allí vivieron su primera salida con un novio, una novia o quien luego sería su compañero de vida.

Para varias generaciones, el cine fue mucho más que un edificio. Fue un escenario donde se construyeron historias personales que hoy sobreviven en la memoria de los vecinos.

La venta del inmueble vuelve a abrir una pregunta que aparece cada vez que un espacio histórico cambia de manos: qué destino tendrá un edificio que representa una parte importante de la identidad cultural de Ramallo.

Mientras el cartel de venta busca un nuevo propietario, muchos habitantes del distrito mantienen intacto un deseo que volvió a multiplicarse en las últimas horas.

Que ese lugar, donde alguna vez las luces se apagaban para dar paso a la magia del cine, pueda recuperar algún día su espíritu original y volver a convertirse en un espacio abierto para la cultura, el encuentro y la comunidad. Porque, para muchos ramallenses, el viejo cine nunca dejó de ser mucho más que un edificio: sigue siendo un rincón donde todavía viven los recuerdos de toda una época.

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